El Proyecto Panamá de Anthropic hizo algo que parece salido de una novela de ciencia ficción escrita por un bibliotecario con problemas de ira: compró millones de libros, les arrancó el lomo, escaneó las páginas y después destruyó los originales. Y lo seguirá haciendo, solo cambiará de nombre.
La máquina heredó los libros.
Ahora estamos ante uno de los mayores riesgos de la humanidad.
El 404 not found, en todos nuestros libros, en todo nuestro conocimiento escrito. En todo eso que podría comprobar, recordar o enseñar a los que vienen. En cualquier fuente para comprobar un hecho real, está en un riesgo innegable.
El riesgo de que este hecho o verdad sea cambiado por un nuevo libro, es también innegable.
Siempre creímos que el fin de la literatura llegaría con hogueras, dictadores y libros prohibidos. Nos equivocamos. El fin de la literatura llegó con una línea de código bajo el pretexto de exprimir un 0.5% más de rentabilidad trimestral. Pero lo peor de todo: entramos en la trampa voluntariamente.
Imagina la biblioteca más grande de la historia de la humanidad.
Imagina que entras por la puerta y pides ver los mejores libros sobre un tema, o las novelas más relevantes del año, o la obra de un autor brillante pero desconocido. El bibliotecario asiente, te sonríe, camina por los pasillos infinitos y regresa con una pila de libros.
Tú confías en el bibliotecario. Crees que te ha traído lo mejor.
Pero el bibliotecario no te ha traído lo mejor. Te ha traído los libros de los autores que le pagaron por debajo de la mesa para estar en esa pila. Te ha traído libros escritos por máquinas que tienen un margen de beneficio altísimo. Y el libro brillante, el que realmente necesitabas leer, lo ha dejado pudriéndose en un sótano oscuro porque su autor no tenía dinero para pagar el peaje.
Ese bibliotecario existe. Ni se llama algoritmo, se llama monopolio.
El poder emana del pueblo
Conviene que nos hagamos una simple pregunta, ¿quién le otorgó tanto poder a ese algoritmo para que se convirtiera en un monopolio?
Nosotros.
Era práctico, era maravilloso. El tener acceso por fin, a todo el conocimiento de la historia de la humanidad, o al menos a gran parte de este, accesible para nosotros y además de forma tan sencilla, fue posiblemente, uno de los clímax de la humanidad en toda su historia.
Pero no tardaría en llegar la perversión. Una perversión que ahora se asoma a tal punto, que hasta bien puede sospechar más de uno, que todo era una trampa.
Una trampa mortal para la verdad.
No debe sorprender a nadie; ya pasa con “La historia de bronce en México”, ya pasa con las crónicas de todas las épocas. Ya pasa en tu casa cuando te inventas una milonga para salir del paso.
O me la invento yo.
Todo esto ha pasado siempre, sí, pero nunca antes pasó a la velocidad de la luz, ni mucho menos destruyendo “las pruebas”.
