De la vista nace el amor.
Esta frase no nació vulgar. No lo es.
Una mirada es también una forma de comunicación, sobre todo cuando no hay más remedio.
Se trata de tu primer encuentro con el lector, de ese primer cruce de miradas en el que tu libro todavía no puede decir una palabra.
Es quizás, la única oportunidad que tendrá de atraerlo a su interior y contarle una historia.
La importancia la portada de un libro
Es por tanto la parte más importante de un libro durante esa primera etapa. Esa etapa en la que nadie le conoce. Si no consigue atraer a su lector, su contenido se vuelve irrelevante.
La portada no tiene que contar el libro. Tiene que conseguir que el lector quiera entrar en él.
No debe mentir, no debe divagar. Tampoco puede desaprovechar su momento ni mucho menos competir con lo que hay en su interior. Ni siquiera intentarlo.
El mito de una portada “profesional”
Al margen de que hayas pagado por ella una fortuna o la hayas hecho gratis y por ti mismo, si no cumple lo anterior, una portada no puede ser profesional.
Una mala portada no necesariamente es fea. Puede ser perfectamente correcta, profesional desde un punto de vista gráfico, limpia y completamente inútil.
¿Qué le falta para ser una portada profesional?
Alma.
Y aquí entra una pregunta que muy pocos se hacen antes de contratar a un verdadero profesional de las portadas:
¿Cómo demonios haces una portada profesional de un libro que no has leído?
No se trata de si utilizamos o no las herramientas gratuitas de canva o la hacemos con photoshop de pago. Que para eso está photopea. No, no se trata de eso.
Se trata de que el profesional de las portadas sea eso, un auténtico profesional de portadas para un libro.
Se trata de que una portada cumpla su función. En donde sí, transmitir calidad es una de ellas. Pero recordemos, además debe comunicar a tu posible lector que vale la pena abrir el libro.
Es lo más importante.
Una portada puede ser profesional incluso si no es gráficamente perfecta, pero consigue seducir al lector.