Aquí si conviene hablar de culpas.
Y no es del potencial lector, solo eso faltaba. No es de la imprenta. La culpa tampoco es de KDP.
Si has decidido publicar un libro, pero no estás dispuesto a invertir ni un peso en conseguir que alguien se entere de que existe, no puedes sorprenderte de que permanezca invisible.
Pero si el autor insiste en culpar a alguien más, puede hacerlo con su portada. Aunque en menor medida.
La diferencia entre comprar alcance y comprar prestigio
Es la misma diferencia que existe entre perseguir y atraer.
No importa ni la calidad de tu prosa ni los enredos de tu relato. Eso viene después. Lo primero es que le demos motivos al lector para leernos. Una cosa es invitar y otra que nos acepten la invitación.
Y que no se arrepientan.
Y que quieran más.
Y nos pidan ser invitados de nuevo.
Si quieres lectores, primero tienes que encontrarlos.
O mejor aún, ponerte en un lugar donde te encuentren. Y no me refiero a pagar clicks en Amazon, eso es perseguir. Sino a hacerte el aparecido en sitios en donde convenga.
No siempre se trata de perseguir al público, sino de ponerte en un lugar donde tu presencia sea visible y resulte atractiva.
La literatura no siempre llega por la puerta de la biblioteca; a veces llega en una guitarra, a veces tu lector está una banqueta, o a veces te pega un verso en la cabeza.
Quizás sea diferente en el mercado de jabones y juegos de toallas. Tú vendes libros.
La estrategia de un autor no es entrar en circuitos cerrados de postureo académico, en donde todos se aplauden como monos entre sí. Eso sería autoenterrarse para siempre.
Consiste en entrevistas, artículos, reseñas, colaboraciones, comunidades, revistas, newsletters, podcasts, blogs, eventos… estar donde ya está el lector, en lugar de arrastrarlo hasta la ficha de Amazon.
Consiste en trabajar.
Y en invertir en ese autor que llevas dentro.
Porque tu lector está a mar abierto, está en la calle esperando que alguien le haga sentir.
Y tu autor no quiere vanagloria. Quiere compañeros de viaje.
Quiere lectores.