¿Qué tipo de escritor quieres ser?

¿Qué tipo de escritor quieres ser?

Hay veces que ni siquiera sabemos por qué queremos comenzar la casa por el tejado.

Hace muchos años se formó un pequeño debate en clase de literatura, yo tenía unos 12 años. Este se centraba en qué definía a un escritor. Yo, por mi parte, cerré mi propio debate: escritor es el que escribe.

Hubo cierto desconcierto y, horas más tarde, algunos compañeros me dieron la razón, pero eso no tiene absolutamente ninguna importancia. Como tampoco tiene importancia si eres buen o mal escritor, porque eso sería a ojos de según quién: un verdadero escritor, escribe.

Hay cosas, en cambio, que sí tienen importancia y mucha.

Definirlas ya depende de tus objetivos. La mayoría de estas cosas generan por sí mismas sus propios debates.

¿Eres capaz de dar esos debates por cerrados?

En ese caso, ponte a escribir si es lo que quieres.

Una de estas cosas es: ¿para qué escribes? La mayoría de las personas, sobre todo gente dentro del mundillo, da por hecho que escribes para tener lectores, para ganar dinero, o para una serie de eufemismos que evitan tener que decir: para inflar tu ego.

Pero tenemos a Kafka, uno de los autores que, por cierto, leí aquel año, que pidió que antes de morir se destruyeran todas sus obras.

Su último deseo no fue cumplido.

Esto quizás no lo entiende la mayoría. No entiende que existen personas que simplemente tienen la necesidad de escribir.

Pasa conmigo y la guitarra: me gusta tocar, sí, pero solo cuando estoy completamente solo. Y pasó también con las letras, incluso hubo un tiempo en que no me gustaba tampoco que me vieran leer.

Cosas mías.

Nunca pensé en publicar, y cuando lo hice la primera vez fue con seudónimo. Después se hizo costumbre. Hoy en día pienso que mi propio nombre también es un alter ego, por lo que me podría parecer divertido, algún día, publicar con mi propio nombre.

Nadie se daría cuenta, pero aquí caemos en otro debate.

¿Para qué quieres publicar?

O mejor dicho: ¿qué prisa tienes por publicar?

¿Para tener lectores?

Publicar y tener lectores son dos cosas completamente distintas. No entender algo tan simple es lo que lleva a la frustración a miles de autores que, entre otras cosas, pensaron que yo podría estar interesado en la relación con su perro y el drama de no comprar la marca de sus croquetas preferidas.

Si quieres publicar solo hazlo.

Jorge Luis Borges consiguió dinero de su padre para imprimir trescientos ejemplares de su primer poemario. Según él mismo contaba, los fue insertando a escondidas en los bolsillos del sobretodo de cualquier persona. Como bien sabemos, el resto fue historia.

Muchas de las historias más leídas de todos los tiempos solo fueron escritas para que algún día pudieran constar.

Otras, la mayoría, con el único fin de crear una narrativa tan falsa como conveniente.

Nadie pensaba en el “Premio Planeta” ni esperaba el momento en que pudiera decir: “¡Oh cielos, soy un escritor!”

Ni Cervantes, ni Quevedo.

Ni siquiera Calderón de la Barca.

Tal vez tu motivo es tener un libro impreso, ver tu nombre en él. ¿Es válido?

No entro en ese debate.

Si lo que quieres son lectores: escribe.

Un escritor es un maestro en el “engaño”. “La isla del tesoro” nunca existió y aún no ha faltado quien vaya en su búsqueda. Alicia jamás estuvo en ningún País de las maravillas. Ni siquiera Don Quijote luchó contra un molino, lo cual ya era en sí mismo un engaño.

Un escritor debe serlo, sí, pero en engañar a los demás, ¡No a sí mismo!

¿Para qué quieres publicar si no tienes lectores?

¿Crees que una buena portada te los va a conseguir?

¿Crees que una editorial se rendirá ante tu talento y te dará esos lectores que tanto te ilusionan?

La respuesta es no.

Ni lo sueñes, el oro digital del siglo XXI no es el bitcoin.

Este oro se llama atención.

Y nadie te la va a regalar, tienes que ganártela.

Además, se puede decir que en el mundo hispano solo existen dos editoriales “serias”, —yo diría que solo una—, porque a la otra suele ganarle la risa.

En cualquier caso, estas te abrirán sus puertas sí y solo sí, llevas a tus lectores bajo el brazo.

Es por eso que a tu grandiosa novela la ignoran mientras publican a una “influencer”.

Pero en ese caso ya da igual si es un libro o un lavatrastes. Aquí estamos hablando de publicar libros en un contexto literario.

Consigue lectores y lo demás lo tendrás por añadidura.

Si escribes cosas interesantes para una persona, para diez, para diez mil… habrás ganado lo más importante: lectores.

Ahora piensa en algo: si son tus lectores, ¿por qué tendrías que llevarlos a una editorial a cambio de tres caramelos?

¿Vas a ser capaz de cambiar el oro digital del siglo XXI solo por ver tu nombre en la tapa de un libro impreso?

No digo que esté mal un libro impreso con tu nombre, no necesariamente.

Está mal si ese libro no tiene lectores, eso sí está muy mal.

Pero que muy mal.

Está mal si los beneficios de ese libro tu apenas los hueles.

Eso está peor.

Y no creas, le pasó a Fiódor Dostoyevski, le pasó a Emilio Salgari.

Le pasó a muchos.

Y les seguirá pasando.

Está pésimo, como dicen ahora, que sin tener lectores te pongas a pagar por una portada, o a sacarte una portada de mierda en Canva.

Está pésimo que contrates servicios editoriales, o peor aún, caigas en las garras de la coedición, que si bien como servicios editoriales pueden llegar a ser útiles, de ninguna manera se justifica su participación en las regalías.

Aunque este es otro debate más.

En el que tampoco entro.

Consigue lectores.

Escribe en una servilleta y déjaselo a la que atiende la barra de la cafetería.

Déjale otra a la chica que te gusta.

Una más al portero de tu edificio.

¡Consigue lectores!

Pero sobre todo, aprécialos.

Un libro puede esperar, pero tus lectores son tuyos.

Tu escribes y ellos te leen.

No dejes que te los arrebaten.

No comiences tu libro por el tejado.

Epílogo

Cuando tienes lectores y, además, eres consciente de su valor, puede llegar Planeta y decirte:

“¡Oh, déjame editarte, por favor!

Y tú ahora puedes responder:

Sí, claro. Pero de mi diez por ciento, nada. Nos vamos al cincuenta, al ochenta o búscate a otro.

Si no, que todo arda.

Fin.